El reconocimiento otorgado por la Asociación de Pescadores Artesanales de Puerto Madryn a dos investigadoras del Centro Nacional Patagónico (Cenpat) reafirma el lazo entre la academia y el saber popular, y las alianzas que se construyen en favor de políticas públicas inclusivas y sustentables.

Ana Cinti y Ana Parma fueron reconocidas por la Asociación de Pescadores Artesanales de Puerto Madryn.

El litoral marítimo de la Argentina posee 4.725 kilómetros de extensión, con una riqueza biológica equiparable a la de los ecosistemas terrestres más importantes. Es una extensa área en donde la pesca artesanal o de pequeña escala constituye un nudo central para el desarrollo de las economías locales, que se expresa en la forma de vida de las comunidades costeras.

Con más de 90 especies de interés comercial –tales como el langostino, la merluza, el pejerrey o la vieira tehuelche, entre otras– las distintas ciudades y pueblos de la Argentina encuentran en la pesca artesanal un medio de subsistencia y seguridad alimentaria. Es por ello que la labor de los investigadores e investigadoras para el mejoramiento de las condiciones de trabajo que aseguren el manejo sustentable es una de las prioridades en la agenda de objetivos de la Iniciativa Pampa Azul, junto con la integración de los entornos marino y costero.

La labor de los investigadores e investigadoras para el mejoramiento de las condiciones de trabajo que aseguren el manejo sustentable es una de las prioridades en la agenda de objetivos de la Iniciativa Pampa Azul, junto con la integración de los entornos marino y costero.

Pero estas metas no solo pueden alcanzarse desde la academia. Sin la sinergia con quienes consiguen su sustento diario a través del mar, cualquier iniciativa queda a mitad de camino. Todas estas razones forman parte del reciente reconocimiento que la Asociación de Pescadores Artesanales de Puerto Madryn, Chubut, otorgó a las investigadoras del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Ana Parma y Ana Cinti, quienes se desempeñan en el Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR/CENPAT-CONICET).

Como investigadora Principal del CONICET, Parma relató que su trabajo en la región “se focalizó en las pesquerías artesanales, con un mayor énfasis en cuestiones de gobernanza y manejo participativo”. Su interés por la investigación aplicada y la gente de mar se tradujo en su vínculo con las pesquerías, lo que le dio la oportunidad “de trabajar en la interfaz entre ciencia y gestión”.

Las campañas de vieira se utilizaron como base para la recomendación conjunta de cuotas de captura. A bordo de la lancha marisquera de Luis De Francesco (de perfil), la investigadora Andrea Rodríguez participa como observadora. Foto: gentileza Ana Parma.

En el caso de Cinti, ella se desempeña como investigadora Adjunta y comenzó a conocer la pesca artesanal en los años 98 y 99, junto a Inés Elías. Luego se sumaron Parma y el investigador José María “Lobo” Orensanz, con quienes siguió formándose. Al respecto señaló: “La parte pesquera siempre me dio mucha curiosidad, porque en la costa se veían otras cosas que yo no conocía. Otras formas de vida, otra realidad social”. A la vez, se fue introduciendo en los marcos regulatorios y sistemas de manejo, lo que le permitió transferirlo a la práctica. “Siempre me atrajo mucho la forma de vida de los hombres y las mujeres pescadoras, y me interesa mucho acercarme y conocer cómo viven esas comunidades y otros puertos”.

En referencia a la distinción otorgada, ambas investigadoras se mostraron emocionadas. “No puede haber reconocimiento más significativo que el recibido por parte de los pescadores artesanales de Puerto Madryn”, afirmó Parma, quien también integra el Consejo Asesor Científico de Pampa Azul. “Son muchos años de trabajar parejo, construyendo en conjunto una visión acerca del manejo de estas pesquerías de pequeña escala, aprendiendo y enseñando, y apoyándonos en los esfuerzos para lograr una gestión más ordenada, basada en el aprendizaje, que asegure la persistencia y viabilidad económica de la actividad y el respeto de los derechos de las personas involucradas”, comentó.

Ana Cinti señaló que luego de más de dos décadas de trabajo con la Asociación de Pescadores “es el mejor reconocimiento que podría haber recibido en mi carrera profesional. Es mucho tiempo de conocernos, de vivir procesos y hemos pasado muchos cambios de gestión, de autoridades de aplicación, de Pesca, de Turismo, la Administradora de Península Valdés”, recordó. Con momentos más altos que otros, se generó un lazo muy fuerte “con reuniones y asados en donde compartimos conocimiento mutuo, de parte de los pescadores hacia nosotros y viceversa. Sentimos todo esto no solo como un trabajo sino como parte de nuestra propia vida”. Por todo es que las profesionales del Cenpat coincidieron en su satisfacción por las palabras de homenaje y la distinción recibidas, “porque nuestra relación con el sector pesquero es de mucha confianza, sinceridad, respeto y honestidad”, expresó Cinti.

Trabajo colaborativo y el rol de las mujeres
Consultadas acerca de cómo es el día a día de la investigación y la interacción con las comunidades que llevan adelante actividades de pesca artesanal en Puerto Madryn, Parma comentó que la formación de una Mesa Técnica integrada por personal técnico de las distintas reparticiones de Gobierno con injerencia en el manejo de las actividades pesqueras (Pesca, Turismo, Áreas protegidas), investigadores y representantes del sector productivo fue un hito fundamental “para dirimir y asesorar a la Subsecretaría de Pesca de Chubut sobre temas relativos a los permisos, la evaluación del estado de los recursos y el establecimiento de cuotas de extracción, así como cuestiones de control y fiscalización”.

Cinti fue un poco más atrás en la historia y relató los inicios: “El enfoque y aproximación al trabajo lo aprendí de mis profesores y mentores. En los 70 se trabajó en una primera experiencia colaborativa que se dio en el Golfo San José para tratar de probar lo dañino que era el método de rastra sobre el fondo. Esa fue la primera colaboración entre las autoridades, pescadores y la comunidad científica. Eso derivó en lo que es el actual equipo”.

Más adelante vendrían las campañas de evaluación del recurso de vieira, que se utilizaron como base para la recomendación conjunta de cuotas de captura. “Las campañas se diseñaron con el aporte de los pescadores y fueron hechas con embarcaciones y buzos artesanales, con personal técnico del Cenpat y de Pesca a bordo. Más allá de sumar información para la toma de decisión en materia pesquera, estas campañas aportaron datos para el desarrollo de investigaciones en cuestiones de dinámica de los recursos”, explicó Parma.

Las campañas de evaluación del recurso de vieira se utilizaron como base para la recomendación conjunta de cuotas de captura.

Por último, las investigadoras no dejaron de reconocer el importante rol que las mujeres de la zona han tenido en la pesca artesanal, actividad que puede ser definida como familiar. “Trabajé con el sector de marisqueros. Casi totalidad son hombres los que salen a pescar y conozco a sus familias, que también contribuyen al desarrollo de la actividad. Y en lo que es la recolección manual de costa, modalidad que incluye a lo que se llama pulpeo, hay muchas más mujeres que se dedican a recolectar”, describió Cinti. Adicionalmente, la investigadora mencionó otra modalidad que se desarrolla en la zona de Península Valdés conocida como pesca con red de costa, “que es una red de cerco y se trabaja con un bote a remo. En su gran mayoría la realizan hombres, pero a nivel familiar si bien las mujeres no están a bordo sí contribuyen desde otros aspectos en esa tarea”.

“En la pesca han habido mujeres pescadoras, algunas mujeres buzas, marisqueras, pero sobre todo mujeres recolectoras de pulpitos y mejillones en la costa”, amplió Parma. Además recordó a la líder de la comunidad de El Riacho, Marta Vargas, hija de pulperos históricos de la zona.

Marta Vargas, una de las mujeres pioneras de la zona realizando tareas de recolección de mejillones. Foto: gentileza Asociación de Pescadores de Puerto Madryn.

“La pesca artesanal no está primera en agenda en cuanto a lo económico, pero es importante para las comunidades que la desarrollan y es una actividad productiva muy valiosa”, aseguró Cinti. Es por ello que tanto a la hora de investigar como de involucrarse en el proceso de toma de decisiones “creemos siempre que el otro tiene mucho que aportar, y sin pensar que la ciencia es superior valoramos y trabajamos desde el respeto para poder llevar adelante estos proyectos que, en definitiva, tienen la finalidad de intentar mejorar las condiciones en que se desarrolla la actividad y ayudar a conservar y manejar el recurso”, finalizó.