En consonancia con los objetivos de trabajo de la Iniciativa Pampa Azul, el laboratorio para estudios de la Acidificación de los Océanos instalado en el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC-CONICET, UNMDP) se incorporó recientemente a esta red internacional.

Como un aporte más que efectúan las distintas instituciones y organismos que integran la Iniciativa Pampa Azul, el laboratorio para estudios de la Acidificación de los Océanos instalado en el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC-CONICET, UNMDP) y equipado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) se incorporó al Observatorio Regional de la Acidificación de los Océanos. Esta colaboración se encuentra conformada por 18 países latinoamericanos, como parte de las acciones realizadas por la Red de investigación de estresores marinos-costeros (REMARCO) en Latinoamérica y el Caribe.

El equipo de laboratorio es coordinado por la investigadora del CONICET Betina Lomovasky, y se dedicarán a evaluar el sistema de carbonatos y acidez marina en diferentes estaciones ambientales permanentes en zonas marinas-costeras y estuariales de la provincia de Buenos Aires, según informaron desde el IIMyC. El objetivo será aportar información sobre el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 14 de las Naciones Unidas adoptados por la Argentina, relacionado con la conservación y uso sostenible de los océanos y los recursos marinos. En ese sentido, el grupo de trabajo que lidera Lomovasky investigará sobre los posibles efectos de la acidez oceánica en especies clave de los ecosistemas locales.

Lomovasky explicó que esta iniciativa brinda la oportunidad de fortalecer las capacidades para el estudio de los sistemas costeros y marinos, en función a estresores relacionados al cambio climático global, conocer cuál es el impacto en nuestras zonas costeras y cómo esto puede afectar a diferentes servicios ecosistémicos en las áreas de estudio. “Esperamos que este fortalecimiento pueda ser transferido a otras instituciones del país y colabore en la conformación de una red nacional interinstitucional e interdisciplinaria a fin de abordar la problemática desde diferentes puntos de vista”, precisó.

El grupo de trabajo que lidera Lomovasky investigará sobre los posibles efectos de la acidez oceánica en especies clave de los ecosistemas locales.

Y agregó: “A nivel nacional esperamos poder contribuir con las autoridades nacionales, provinciales y municipales a fin de aportar las herramientas adquiridas a través de la implementación del proyecto para la consolidación de planes nacionales y locales en relación a dar respuestas al Objetivo de Desarrollo Sostenible 14.3, que busca reducir al mínimo y abordar los efectos de la acidificación de los océanos, incluso mediante una mayor cooperación científica a todos los niveles”.

“A nivel nacional esperamos poder contribuir con las autoridades nacionales, provinciales y municipales a fin de aportar las herramientas adquiridas a través de la implementación del proyecto para la consolidación de planes nacionales y locales en relación a dar respuestas al Objetivo de Desarrollo Sostenible 14.3”.

El equipo de trabajo está integrado por Emiliano Ocampo, Tomás Luppi, María Soledad Yusseppone y la becaria Macarena Pérez García, quienes realizarán la evaluación y seguimiento de cuatro estaciones de monitoreo ambiental costero ubicadas en las localidades bonaerenses de Santa Teresita, Villa Gesell, Mar del Plata y el estuario de la laguna costera de Mar Chiquita. Para estas tareas contarán con la cooperación del Servicio de Hidrografía Naval, fortaleciendo así las relaciones interinstitucionales.

El observatorio está conformado por países de Latinoamérica y el Caribe, entre ellos: Argentina, Belice, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Por su parte, el proyecto regional (RLA7025) “Fortalecimiento de las capacidades en los medios marinos y costeros mediante técnicas nucleares e isotópicas”, financiado por el Organismo Internacional de Energía Atómica “representa una oportunidad de cooperación con todos los países involucrados, permitiendo la intercalibración de las técnicas a desarrollar y la posibilidad de utilización de capacidades ya establecidas en los países miembros del proyecto”, concluyó Lomovasky.